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miércoles, 2 de abril de 2014

La bella y el hornero

El hornero (Phylloscopus canariensis) es una pequeña ave endémica de Canarias. En apariencia se asemeja a sus parientes del continente, pero su biometría es diferente. Los animales canarios son residentes, los continentales migratorios. Eso implica un uso distinto de las alas y, consecuentemente, que algunas de sus plumas de vuelo tengan distintas medidas.

Las aves son grandes aliados para la polinización de algunas especies de plantas.
La  fistulera o bella de risco (Scrophularia calliantha) es una vistosa planta que solo se conoce en zonas húmedas de Gran Canaria. Podemos decir que es elemento del monteverde. En Artenara sobreviven unos pocos ejemplares en la desembocadura del Barranco Hondo, donde existen relictos de ese ecosistema.

Ellos dos son los personajes de una bonita historia.

El hornero se alimenta básicamente de pequeños insectos -otro nombre que se le da es el de mosquitero-, pero durante parte del año algunas plantas le ofrecen una golosina, su néctar. Una de ellas es la bella de risco. El diseño de sus flores obliga al hornero a rozar con la cabeza sus estambres al libar. De esa manera garantiza que, cuando su socio visita otra planta en busca del rico y nutritivo néctar, la fecunde con el polen que quedo pegado en su cocorota. ¡Maravilloso!. El ave obtiene alimento y la planta asegura su descendencia.

Muchas flores están diseñadas para atraer la atención de las aves.
 Otro dato curioso es que a las aves les atraen especielmente las flores de tonos rojizos, mientras que a los insectos las próximas al amarillo. Como sabemos, las de la bella de risco son rojas.

Cualquier ecosistema funciona a partir de procesos muy complejos de los que conocemos muy poco. Por eso, para conservar una especie es fundamental el bienestar de todas las de su entorno.