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sábado, 17 de diciembre de 2011

Discretos endemismos

Gracias a muchos miles de años de evolución aislados de sus parientes más cercanos, algunos seres se diferencian de ellos convirtiéndose en especies o subespecies exclusivas del archipiélago, de la isla, de un ecosistema, de una playa, de un barranco, de una pared, de una piedra...

Oreja de gato (Aeonium percarneum) en la montaña de Los Moriscos, endemismo GC. 

En artenara existen casos que llaman la atención de cualquiera. Por ejemplo, un coleóptero (Pimelia estevezi) solo es conocido en La Punta de Las Arenas, limitándose a vivir en una playa levantada de arena rubia. O el caso de dos saltamontes ápteros (sin alas), el cigarrón palo (Acrostira tamarani) y la arminda (Arminda  canariensis), que únicamente viven en la mitad occidental de la isla muy vinculados a la tabaiba amarga (Euphorbia regis-jubae).

 Los bejeques (Aeonium spp.), lechugas y lechugones (Sonchus spp.), tajinastes (Echium spp.), magarzas (Argyranthemum y Gonospermum) y retamas (Teline spp.) son géneros de plantas con muchas especies endémicas de Gran Canaria también presentes en el municipio.

El hornero (Phylloscopus canariensis), un ave pequeña muy abundante, y el pinzón azul (Fringilla teydea polatzeki), una subespecie que vive únicamente en algunos de los reductos de pinar de la cumbre, son aves exclusivas de Canarias que también podemos ver en Artenara o cerca de sus límites. 

Por lo reducido que es su hábitat, la fragilidad de estos animales y plantas es muy alta, y para su conservación resulta imprescindible aprender a gestionar de una manera inteligente los recursos naturales. De ese aprendizaje también depende el bienestar de nuestra especie. No es posible gestionar para conservar sin tener en cuenta la relación entre distintas unidades de territorio y especies; por ejemplo, ciertas flores dependen de determinadas aves o invertebrados para la polinización y algunas aves o invertebrados dependen de ciertas flores para conseguir néctar. Han coevolucionado y se necesitan para sobrevivir.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Testigos del pasado reciente

Ejemplares de sabina (Juniperus turbinata) y pino (Pinus canariensis) en la montaña de Altavista.

Aceptando que la isla tiene unos 14 millones de años y que la llegada de los primeros hombres se produjo hace cerca 3000, nos podemos hacer una idea de lo corta que es la historia de nuestra especie en el archipiélago.

Desde que las islas existen han estado sometidas a continuos cambios, principalmente relacionados con el clima y la geología (que muchas veces van de la mano). Estos siempre han sido muy lentos, en cambio, la llegada del humano ha supuesto una avalancha de acciones que han transformado el medio de forma radical en un tiempo récord.

Para la biodiversidad en general, este último período ha supuesto, y supone, un duro golpe. Ricos ecosistemas  repletos de vida, que habían evolucionado durante millones de años adaptándose a los cambios que se producían de una forma mucho más alargada en el tiempo y ajenos a nosotros, se han visto alterados en unos pocos cientos de años. Posiblemente nunca lleguemos a tener conocimiento completo del número de especies que se han extinguido a consecuencia de nuestras acciones, y tampoco de como fue el paisaje que encontramos a nuestra llegada.

El actual aspecto de Artenara poco tiene que ver con el de años atrás, pero gracias a la interpretación del clima, de los registros fósiles y a la supervivencia de determinados seres longevos  podemos hacernos una idea de como fue nuestro entorno en un pasado cercano.

Barranquillo con numerosos yacimientos en la Punta de Las Arenas.

En el municipio hay numerosos yacimientos fósiles. En La Punta de Las Arenas, por ejemplo, algunos muy interesantes con conchas de especies marinas, y en riscos y cuevas del interior, es posible ver huellas impresas en la piedra de especies extintas.

No tan antiguas, pero igual de importantes, son las pistas que nos dan las maderas utilizadas para la construcción de viviendas y útiles domésticos. Y las plantas centenarias que todavía hoy permanecen vivas también son buenos "intérpretes". En la cuenca de Tirma y Tifaracás, las sabinas, los mocanes o los cardones; en la mesa de Acusa y la Vica, los almácigos, En Acusa Verde y Acusa seca, las palmas; en los macizos de Altavista y El Pinillo, los pinos; en Las Peñas, los viñátigos; en la montaña de El Brezo, los brezos; en Barranco Hondo, los laureles, y así un número amplio de supervivientes que nos "hablan" de aquel bonito paisaje.

Todas estas voces mudas debemos respetarlas, conservarlas y conocerlas porque son valioso testimonio de nuestra pequeña historia y nuestros grandes errores.